"....Pintura sin palabras también, escueta, berensonianamente inelocuente, pero de factura no sistemática, sino por el contrario sensible. Pintura esencial. Pintura meditativa, de lo sublime. Pintura luminosa, próxima al blanco, al silencio: un blanco y un silencio habitados de grises, de amarillos, de azules, de violetas, de rosas, de verdes palidísimos. Todo parece ya dicho, en materia de arte, y sin embargo aquí de nuevo se produce el milagro, del que ahora va a ser testigo el visitante de La Esquina: alguien que camina por el sendero de Mondrian y de Rothko..."